Irma Peirano

$500 / x / p / /
ISBN: 978-987-9267-15-xPoesía Fragmento
Prensa
Evaristo Juan Peirano, de origen genovés, y Sofía Corti, hija de inmigrantes nacida en San Pedro, se conocieron en un almacén de Rosario, donde él trabajaba. Rápidamente se casaron y tuvieron dos hijos. Cuando Sofía quedó embarazada por tercera vez, Evaristo la envió al norte de Italia, a casa de sus padres, junto con sus otros dos hijos. Allí, en Chiavari, nació Irma María Tersilia Peirano el 7 de marzo de 1917. Cuatro años más tarde la familia se reunió finalmente en Rosario y se instaló en el barrio de Echesortu. A los trece años Irma empezó a enviar colaboraciones a la página infantil del diario Tribuna; a los 16 escribió sus primeros poemas serios, no infantiles, que anuncian las formas, temas y metros que estarán en la base de los dos libros que publicaría más tarde: Cuerpo del canto (1947) y Dimensión de amor (1951). El crítico Luis Emilio Soto destacó el primero como “una elegía a media voz”, que es a su vez el tono de toda una generación: la del Cuarenta. Pero el poeta José Portogalo, a propósito del segundo libro, anotó su rebelión contra los tópicos artepuristas y criollistas, esto es, su insubordinación a las festejadas convenciones generacionales: “Preferir la soledad, el silencio y la clausura a toda seducción de repercusiones inmediatas es el mejor modo de salvarse y salvar lo eterno, esto es, afirmar cualitativamente la poesía”. Eso fue justamente lo que alejó a Peirano de su generación, es decir de su época y, por lo tanto, de la sanción positiva de sus contemporáneos. En esa intransigencia se encuentra el valor de una obra excepcional, concentrada en apenas dos libros y desarrollada en el transcurso de poco más de diez años. En 1949 Irma Peirano empezó a trabajar en el diario La Tribuna, donde escribió para todas las secciones —menos Policiales— y llegó a ser editorialista, algo insólito para una mujer en esos años. De allí en más la actividad periodística prevaleció sobre la literaria; de hecho, son muy pocos sus poemas conocidos a partir de 1952. Sobre finales de la década no solo dejó de escribir con regularidad sino que paulatinamente fue abandonando la vida literaria, y a comienzos de los 60 se fue vivir a Buenos Aires, donde murió el 19 de febrero de 1965, a los 47 años, de una enfermedad fulminante.
Evaristo Juan Peirano, de origen genovés, y Sofía Corti, hija de inmigrantes nacida en San Pedro, se conocieron en un almacén de Rosario, donde él trabajaba. Rápidamente se casaron y tuvieron dos hijos. Cuando Sofía quedó embarazada por tercera vez, Evaristo la envió al norte de Italia, a casa de sus padres, junto con sus otros dos hijos. Allí, en Chiavari, nació Irma María Tersilia Peirano el 7 de marzo de 1917. Cuatro años más tarde la familia se reunió finalmente en Rosario y se instaló en el barrio de Echesortu. A los trece años Irma empezó a enviar colaboraciones a la página infantil del diario Tribuna; a los 16 escribió sus primeros poemas serios, no infantiles, que anuncian las formas, temas y metros que estarán en la base de los dos libros que publicaría más tarde: Cuerpo del canto (1947) y Dimensión de amor (1951). El crítico Luis Emilio Soto destacó el primero como “una elegía a media voz”, que es a su vez el tono de toda una generación: la del Cuarenta. Pero el poeta José Portogalo, a propósito del segundo libro, anotó su rebelión contra los tópicos artepuristas y criollistas, esto es, su insubordinación a las festejadas convenciones generacionales: “Preferir la soledad, el silencio y la clausura a toda seducción de repercusiones inmediatas es el mejor modo de salvarse y salvar lo eterno, esto es, afirmar cualitativamente la poesía”. Eso fue justamente lo que alejó a Peirano de su generación, es decir de su época y, por lo tanto, de la sanción positiva de sus contemporáneos. En esa intransigencia se encuentra el valor de una obra excepcional, concentrada en apenas dos libros y desarrollada en el transcurso de poco más de diez años. En 1949 Irma Peirano empezó a trabajar en el diario La Tribuna, donde escribió para todas las secciones —menos Policiales— y llegó a ser editorialista, algo insólito para una mujer en esos años. De allí en más la actividad periodística prevaleció sobre la literaria; de hecho, son muy pocos sus poemas conocidos a partir de 1952. Sobre finales de la década no solo dejó de escribir con regularidad sino que paulatinamente fue abandonando la vida literaria, y a comienzos de los 60 se fue vivir a Buenos Aires, donde murió el 19 de febrero de 1965, a los 47 años, de una enfermedad fulminante. Prensa

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ISBN: 978-987-9267-15-xPoesía Fragmento