“Clítoris”, “Poder trans”, “Las fieras”: la joven historieta argentina es mujer y es política

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Viñeta de “Poncho Fue” de Sole Otero

Por Javier Mattio

Aunque hace su ingreso experimental al nuevo siglo, la historieta argentina sigue surcada por viñetas y globos. Y desde ahí renueva las perspectivas desde una producción autoral marcada eminentemente por mujeres.

En un tránsito que nace en fanzines, autoediciones, ferias y festivales y llega a librerías a través de editoriales especializadas, el cómic local renueva su expresión gráfica y los temas abordados.

Si la década del 2000 se caracterizó por la autobiografía cotidiana propiciada por los blogs en internet, la última década ha visto una explosión visual ligada tanto al reconquistado arte de la impresión como al pastiche de Instagram.

Y, a la vez, la rutina del dibujante se vio desbordada por preocupaciones de género, ecológicas o económicas que encuentran en identidades grupales y colectivas un espacio más propicio para la acción.

Una importante porción de esta tendencia lleva la firma de autoras jóvenes que muchas veces llegan al medio desde terrenos cercanos como la ilustración, la pintura, el tatuaje o el muralismo.

Esa fue la impronta que destelló en Informe (2015), la antología publicada por la Editorial Municipal de Rosario en la que se conjugaron estéticas divergentes al cómic industrial y nombres que hoy gozan de reconocimiento internacional.

Nacha VollenweiderMaría Luque o Camila Torre Notari han ahondado en la edición desde entonces, conformando junto a otras artistas un recambio de alcances evidentes.

El auge temprano de la ecuatoriana-argentina Power Paola, publicaciones como Clítoris, Poder TransPibasLas Fieras o Fantástica Violeta y una dedicación mixta que excede los cánones del noveno arte han ido conformando un movimiento no apto para puristas donde confluyen el punk, el esnobismo esteticista y un amor de nuevo cuño por los cuadritos secuenciales.

Tal vez el rasgo dominante del movimiento sea la combinación de dibujos disruptivos de sello individual con abordajes directos que absorben la agenda política.

Así, el lazo íntimo entre mujeres despunta en Tengo unas flores con tu nombre (guía práctica de sororidad) de la rosarina Jazmín Varela, que integra el colectivo gráfico Cuadrilla Feminista.

Una pareja tóxica se retrata en Poncho fue de Sole Otero y la migración a Europa es el eje testimonial de Notas al pie, de Vollenweider.

El trauma de volver

Esta ilustradora, que es cordobesa, adelantó unas páginas de su nuevo trabajo Volver en el número 138 de la revista suiza Strapazin, publicada el año pasado y dedicada exclusivamente al cómic argentino actual.

Allí compartió el lugar con algunas de las autoras nombradas más otros como Max Cachimba, Pedro Mancini o Leandro Waibe.

Si en el anterior libro Vollenweider (1983) esbozaba el desencanto de irse a Alemania, ahora su blanco y negro registra el trauma del regreso y el registro de las ruinas dejadas por corralitos, inflaciones y devaluaciones.

“Me interesa reflexionar, desde lo cotidiano, sobre cómo influye la historia en nuestro presente. Después de vivir seis años en Alemania me encontré nuevamente con las crisis económicas, el día a día, la inflación y sí, al llegar en agosto de 2018 se desencadenó una fuerte devaluación poniendo en jaque  la economía. Esto fue nuevamente un shock. Fue la tercera gran inflación que viví. Creo que es una marca generacional e histórica”, dice la artista nacida en Río Cuarto, que gesta los últimos capítulos de Volver para su publicación en Alemania en 2022.

La relación de Vollenweider con una novia extranjera en Notas al pie hace surgir el emblema de la diversidad junto al desarraigo.

“La problemática de género no es algo que yo haya tratado conscientemente -reconoce la historietista-. De eso me di cuenta después, cuando me empecé a familiarizar con el tema. Desde la aprobación del matrimonio igualitario en 2010, el ‘Ni una menos’, la lucha por el aborto legal, los encuentros de mujeres, la visibilidad trans, son hechos de los últimos años que han desencadenado cambios sociales rápida y profundamente. En lo personal, lo viví desde afuera mientras estaba en Alemania. Al volver me sentí muy contenida y pude percibir ese cambio. Se siente todo con menos presiones y puedo vivir con libertad, cosa que no pasaba cuando me fui. Hay que pensar que Córdoba es una de las provincias más conservadoras del país”.

Identidad trans

La identidad transgénero ostenta una representación genuina en la historieta presente y cuenta con una artista de ascenso visible en Julia Inés Mamone, alias Femimutancia.

Nacida en Villa Gesell en 1989, la artista autodefinida “dibujantx no binarie” delinea en sus cuentas virtuales y en las novelas gráficas Alienígena Piedra bruja un universo de calado detallista donde se superponen paisajes coloridos, personajes fluidos, seres antropomorfos o extraterrestres y rastros de animé.

“No podemos hacer una producción cultural sin deslizar una parte de nuestra identidad y el posicionamiento dentro del contexto en el que estamos. Es por eso que siempre se va a encontrar representada dentro de los términos gráficos narrativos del cómic la identidad que adoptamos o asumimos”, señala la autora, que firma también como Jules.

Vida de las plantas

El borramiento de límites se da a la vez en forma de lenguajes, y así Roberta Di Paolo (Buenos Aires, 1990) propone un despliegue fragmentario de lápices sutiles en una obra que se nutre al mismo tiempo de la vida de las plantas, la lógica poética y la circulación en fanzines.

Si en El observador silencioso seguía la vida de un árbol y en Antes del fuego, el agua se concentraba en los elementos, en su último trabajo, El fin del mundo -16 dibujos pensados inicialmente para una muestra en Suiza que se canceló por la pandemia- condensa un manifiesto lírico-panfletario contra la quema forestal.

“El proyecto de muestra se transformó en urgencia. Las imágenes estaban terminadas, pero faltaba el texto. En ese momento los incendios en territorio argentino cobraron relevancia en los medios, sobre todo en redes sociales, donde comenzaron a surgir con potencia las voces de sectores activistas medioambientales. Ahí, en medio de una cuarentena estricta y ante la imposibilidad de salir y hacer algo, el texto explícito de denuncia apareció casi de manera automática, de la noche a la mañana, en un rapto de inspiración furiosa y rebelde”, recuerda la artista, que publicó la obra simultáneamente en fanzine y para la descarga gratuita.

Grabadora, ceramista y artista visual, Di Paolo es otra rara avis que llega al cómic fruto de un desplazamiento. “Ni artista contemporánea del todo, ni dibujante, ni historietista. Sí todo a la vez. No identificarme con un camino, rótulo o técnica me permitió tener el aire suficiente para introducir elementos de mundos tangenciales en la historieta y crear algo que se sale de lo esperable. El fanzine y la historieta son tácticas para llegar a lugares donde el arte contemporáneo aparece como código cifrado e inexplicable. Ambos son una forma de activismo, dentro y fuera del arte más institucional. Se mueven por los bordes, las periferias, las afueras”, cierra.

Fuente: Diario Clarín
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