Ordinario, extraordinario y qué es el amor

Por Camila Pastorini Vaisman. Vos y yo (Georgina Grasso) y Deseo y decepción (Florencia Méttola) son dos libros temperamentalmente muy distintos, pero son también dos libros que hablan del amor, de lo ordinario y lo extraordinario.

En Deseo y decepción leemos la descripción de la piba que le gusta a la sujeta poética, una serie, la inesperada afición por una cantante pop que está de moda, un chat con una piba que no sabemos quién es, una decepción amorosa. Todas esas cosas que nos pasaron a todes en algún momento son de pronto episodios de dimensiones épicas, que atraviesan y voltean a una yo poética que se tortura un poco, otro poco despotrica y otro poco divaga. Una yo poética que a veces se rinde ante la potencia de los eventos que se erigen ante ella como gigantes, y que otras veces rasca y rasca la superficie en torno a eso que no puede explicar (que no podemos explicar) y que termina poniendo en palabras, en metáforas de largo alcance.

he estado en este lugar al menos diez veces

es como una canción en el piano

como la banda de sonido del Sims building mode 1

o las de Yann Tiersen tocadas en una isla

suenan a eso, algo que ya conocés

o como una suite para cello que parece nueva

pero siempre es Bach

(“Leche condensada”).

La suite de cello que parece nueva pero siempre es Bach es la forma metafórica que toma esa relación con Efe Efe, que se termina por tercera o cuarta vez en siete meses. Es también ese evento equis de la vida cotidiana que, a través de la lente del poema a lo largo de todo el libro, se convierte en obra barroca. Es la metáfora, la poesía en general, y este libro de poemas en particular, el vehículo que permite tal modulación.

En Vos y yo, ordinario y extraordinario funcionan, en alguna medida, como un par invertido. Quince de los diecisiete poemas del libro presentan escenarios y situaciones extrañas, muchas veces de características o devenires oníricos: hay zombies, una invasión extraterrestre, ninjas, la matrix, un equipo SWAT y un equipo SWAT intergaláctico, un pibe bugueado, Zoboomafoo. Las secuencias de todos estos poemas, algunas verdaderamente espeluznantes, terminan haciendo sistema en el conjunto; todas son rápidamente asimilables, y de pronto cabe preguntar: si lo extraordinario se vuelve esperable, entonces ¿sigue siendo extraordinario? El equipo SWAT intergaláctico aparece en un poema que se llama “Vos y yo en un día normal”. También existe el poema “Vos y yo en un día anormal”, que cierra el libro y cuyos primeros veintidós versos leemos por tercera vez pues fueron los primeros veintidós versos de dos poemas anteriores. Los siguientes dieciocho versos terminan de retratar lo que podría llamarse “un día normal en la vida de cualesquiera otres vos y yo”: la rutina de ver una película e irse a dormir juntes en una noche de verano, sin que nada extraño pase.

La palabra amor aparece más de diez veces en Deseo y decepción de Florencia Méttola y cerca de veinte veces la palabra deseo. También es recurrente el tema de la muerte. Algunos de los poemas parecen esforzarse en dar respuestas, en definir qué es el amor y qué pasa con la muerte. Es allí que el libro se vuelve por momentos agobiante. “Esto es lo más parecido al amor que puedo decir: / todo coincide” leemos en “Los avatares de Efe Efe”. El libro parece decir: hay cosas que no se pueden definir o explicar, pero también procura agotar todas las posibilidades. Define por la positiva y por la negativa, irrumpen distintos géneros discursivos, leemos fragmentos de chats, leemos (¿leemos?) emojis y signos de pregunta entre paréntesis, leemos un poema que parece a medio corregir, con tachaduras de versos y palabras sueltas, leemos versos y por momentos un poco de prosa. Todos los formatos, todas las profundidades, una variedad de ánimos nos hacen llegar a una sospecha: el amor no existe. El amor parece estar bien y a la vez lastima, puede estar a la vuelta de la esquina y a la vez no, el ciclo del amor tiene dos partes: deseo y decepción. Parece como si el amor fuera una máscara y su verdadera cara el deseo:

Hablar de amor para no decir

que te querés coger a alguien todo el tiempo.

Las canciones de amor siempre hablan de sexo,

al igual que los enamorados

que quieren tapar de rosa y de fantasía las ganas de tener sexo.

(“Taylor Swift 1989 (deluxe)”)

La palabra amor aparece más de diez veces en Deseo y decepción y ninguna en Vos y yo, de Georgina Grasso. Vos y yo habla de estar juntes. Podríamos leer cada poema como una prueba a superar: sobrevivir juntes al apocalipsis, juntes a buscar aliens al Uritorco, juntes (casi) contra la araña gigante, muriendo juntes contra los ninjas asesinos, perdides juntes en un poema dadaísta, encerrades juntes en una celda de una nave espacial, muriendo juntes en el Lejano Oeste, muriendo juntes frente a un equipo SWAT intergaláctico, cogiendo en el apocalipsis zombie intentando no ser descubiertes. Vos y yo no se pregunta a simple vista acerca de la naturaleza del amor, pero “vos” y “yo” son dos personajes interdependientes. Es “yo” quien pone voz a los poemas, pero los poemas ocurren en el espacio entre “vos” y “yo”. No es menor en este sentido que no haya nombres propios para elles: sólo hay pronombres personales. La característica más atractiva de los pronombres es, a mi entender, la deixis; los pronombres no tienen referencia fija sino que ésta se desprende del contexto. “Vos” y “yo” no son nadie en particular: “yo” puede ser cualquiera que tome la palabra, “vos” puede ser cualquiera que no sea yo. En Vos y yo sin embargo, “vos” y “yo” parecen ser siempre Vos y Yo, en conjunto, un par que se muestra como lo único fijo a lo largo del extenso paradigma de escenarios posibles. Vos y Yo, como una figurita indivisible insertable en cualquier aventura en cualquier mundo.

(Actualización septiembre – octubre 2018/ BazarAmericano)

 

Fuente: Bazar Americano
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http://www.bazaramericano.com/resenas.php?cod=793&pdf=si




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