Trama de relaciones

gabriela aguila

Por Sonia Tessa. Para cualquier persona de 30 años que viva en Rosario, el ejército es una institución hostil pero lejana. No pueden imaginar la centralidad que tuvo durante al menos tres décadas. Recuperar la historia del edificio donde hoy funciona el Museo de la Memoria fue la intención de la actual directora, Viviana Nardoni, quien convocó a la historiadora Gabriela Aguila para dirigir el proyecto. El resultado es un libro novedoso, que toma la casona proyectada por el arquitecto Ermete de Lorenzi y construida por José Spirandelli en 1928 para hacer una historia del Comando del Segundo Cuerpo de Ejército, creado el 12 de diciembre de 1960, con jurisdicción en seis provincias. Territorio ocupado. La historia del Comando del II Cuerpo de Ejército en Rosario (1960‑1990) es el título del libro dirigido por Aguila, y escrito junto a Lucas Almada, María Alicia Divinzenso y Marianela Scocco, que se presentará el viernes próximo, a las 18, en la misma sede del Museo (Córdoba 2019). La tapa del libro lleva una foto del diario La Capital, de 1977, donde queda claro cómo era de estrecha la relación de los comandantes con una parte de la sociedad. Porque durante muchos años, la esquina de Córdoba y Moreno era un lugar donde se iba a pedir por familiares desaparecidos, pero no sólo eso. En los juicios por delitos de lesa humanidad pudieron escucharse los testimonios de sobrevivientes como Angel “Chichín” Ruani, Carlos Pérez Rizzo, entre muchos otros, que recordaron los consejos de guerra en los que eran condenados a 15 años, como mínimo, por supuestos delitos incomprobados, y también alguna testigo recordó una monserga del entonces comandante Leopoldo Galtieri antes de liberarla. Allí, en esa esquina, había un vértice del poder real de la ciudad. El lugar adonde llegaban dueños de medios, periodistas, empresarios y las llamadas “fuerzas vivas”. “Lo que muestra esa foto de La Capital no son sólo los militares con sus uniformes, sus gorras, sino que son además los llamados sectores representativos de la sociedad rosarina. Están los civiles, y ahí están las señoras y ahí están los hombres trajeados y ahí está esa articulación entre el ejército como actor social y político con toda una serie de sectores que formaban la sociedad civil y que arman por decirlo de algún modo esa trama de relaciones que es más sencillo de ver cuando uno lo mira a escala reducida, en el ámbito de la ciudad de Rosario, estas cosas se ven en algún sentido más fácilmente que si uno lo mira a escala de la alta política nacional”, dice Aguila sobre el libro, profusamente basado en documentación histórica.

En el prólogo, la impulsora del proyecto, Viviana Nardoni ‑entonces vicedirectora, hoy directora del museo‑ plantea que “hacer historia sobre los sitios que se utilizan cotidianamente, que mutan como todo enclave urbano según los usos y los habitantes, era un desafío profundo”. Para fundamentar la necesidad, citó a Pierre Nora: “Los lugares de memoria nacen y viven del sentimiento de que no hay memoria espontánea, de que hay que crear archivos, mantener aniversarios, organizar celebraciones, pronunciar elogios fúnebres, labrar actas, porque esas operaciones no son naturales”. Por eso, Nardoni cree que “si la memoria es una construcción colectiva de las sociedades, los aportes de la historia la iluminan y facilitan su avance”.

En esa sociedad entre políticas de memoria y reconstrucción histórica nació este libro, el primero que hace la historia de un comando de cuerpo de Ejército.

‑‑ ¿Cuál fue el desafío de hacer un libro a partir de un edificio tan emblemático como es el que hoy ocupa el Museo?

‑‑ Esa es una de las cosas más interesantes que el libro tiene en su gestación, en su origen, que es una convocatoria que viene desde un sitio de memoria, que no es una cosa frecuente… No es que no hay vinculaciones entre la investigación académica y el campo de los derechos humanos. De hecho hay, y mucho, de esto en la Argentina. Pero creo que es muy interesante ese modo en el cual se articula una preocupación que proviene de un lugar como éste, el Museo de la Memoria de Rosario, en términos de qué es lo que no se sabía sobre la propia historia, en este caso sobre la casa en donde está asentado el Museo, que era la antigua sede de la Comandancia del 2º Cuerpo y la convocatoria a investigadores que vienen de la universidad. Hay un desafío interesante de adaptarse a un requerimiento o una demanda que viene de un espacio social a la investigación académica. La investigación sobre el ejército en Rosario, ese modo en el cual nosotros pensamos la investigación, viene a cubrir también un vacío en el ámbito de la producción de conocimiento científico sobre el problema. El libro es una especie de convergencia o intersección entre cuestiones que preocupan o interesan a actores diversos dentro de nuestro ámbito. Hacer historia de un lugar como ése, también es bien interesante porque te pone frente a la necesidad de dar respuesta sobre cosas que efectivamente no se conocían, se conocían en forma fragmentaria. La memoria es muy valiosa a la hora incluso de pensarla como fuente para la investigación histórica, pero la memoria también tiene agujeros, tiene vacíos, cosas no sabidas, o  incluso sentidos asignados y transmitidos a lo largo del tiempo sin bases muy fiables, muchas veces. Y nosotros lo que venimos a hacer es a tratar de cubrir entonces estos vacíos y aportar desde otro lugar, el lugar de la investigación académica, de la investigación con documentación, el lugar de plantear preguntas que nos parece son novedosas.

‑‑ A diferencia de otros sitios de memoria, éste no era un centro clandestino de detención, sino más bien un lugar donde se tomaban decisiones. ¿Le dio otro espesor esa especificidad?

‑‑ El lugar donde está asentado el museo de la memoria efectivamente no fue un centro clandestino de detención, eso ya está claro, está probado, está confirmado. Pero era un lugar donde indiscutiblemente toda una serie de tramas vinculadas con el ejercicio represivo y con el comando del ejército circularon. En ese sentido no es cualquier sitio, no es un sitio más en la ciudad de Rosario, es un sitio donde se materializa el poder del Ejército, el poder del comando del Segundo Cuerpo, el ejército actuando a escala territorial. Eso lo que le da a la investigación es un anclaje y nos permite definir las fronteras del objeto a investigar. La intención del Museo de la Memoria era saber qué había pasado en esa casa, poner blanco sobre negro esos vacíos que todavía existían, estas lagunas, estos datos poco claros sobre el uso de ese espacio físico en particular, pero también para nosotros lo que nos preocupaba era poder vincular ese espacio físico con una trama más amplia donde el ejército actuaba, que era la historia social y política de la ciudad. No sabíamos cuándo se había instalado la comandancia allí, por ejemplo, no sabíamos cuándo se había creado el segundo cuerpo o teníamos datos sueltos, entonces aparecieron allí primero en torno a los usos de la casa, para qué había servido ese espacio, cuáles habían sido sus funciones, qué es lo que efectivamente sucedió allí mientras estuvo instalada la comandancia, pero también esto es mirar a la institución o al ejército hacia adentro, en el espacio que estaban ocupando, pero también mirarlo hacia afuera. Creo que es muy interesante la tapa del libro, que es una foto que salió en La Capital, en conmemoración que se hacía por los militares “muertos por la subversión”, después de un intento de copamiento de un regimiento en 1975. Lo que muestra esa foto tomada por el diario no son sólo los militares con sus uniformes, sus gorras, sino que son además los llamados sectores representativos de la sociedad rosarina. Están los civiles, y ahí están las señoras y ahí están los hombres trajeados y ahí está esa articulación entre el ejército como actor social y político con toda una serie de sectores que formaban la sociedad civil y que arman por decirlo de algún modo esa trama de relaciones que es más sencillo de ver cuando uno lo mira a escala reducida, en el ámbito de la ciudad de Rosario, estas cosas se ven en algún sentido más fácilmente que si uno lo mira a escala de la alta política nacional aunque estos vínculos también, se sabe por supuesto,  existen en otros planos. Eso era lo que a nosotros nos interesaba, era mirar al ejército hacia adentro, en el ámbito de la sede de la comandancia, pero también mirarlo en su relación con la ciudad, con la sociedad, y con las tramas sociales y políticas a escala local en un período de tiempo, digamos, más o menos largo porque son tres décadas muy álgidas, de mucha conflictividad social y política, entre dictaduras y democracia, procesos transicionales, es un período de mucha intensidad en términos de procesos históricos, sociales, políticos.

‑‑ Una persona de 30 años siente extrañeza ante la centralidad del ejército en aquel momento…

‑‑ Son como coordenadas, a veces los procesos de investigación siguen coordenadas que en algunos casos son muy explícitas y otras son menos visibles. Otra de las cuestiones que a nosotros nos interesaba mucho poder explicar de algún modo es cómo un actor que había sido tan central en la vida de la ciudad, desaparece de la escena, sale del cuadro, qué había pasado, y uno puede decir que esto es atribuible a la conquista de la democracia en la Argentina, la condena a las violaciones a los derechos humanos, al desprestigio de las fuerzas armadas, claro, pero una cosa es decirlo como afirmación general y otra cosa es vamos a ver qué es lo que pasó puntualmente en la ciudad de Rosario, qué pasa con el segundo cuerpo en ese contexto tan complejo de la década del 80 y tan difícil en términos del intento por parte del poder civil de subordinar a las fuerzas armadas, porque no fue un proceso inmediato, son muchos años, nosotros conocemos procesos como las rebeliones carapintadas, etc, pero ¿qué había pasado en el Segundo Cuerpo? Por eso hay un capítulo en el libro dedicado al Ejército en la transición, un poco para tratar de mostrar cómo se había producido ese eclipse de la institución militar del espacio público y político en una localización específica, en este caso, en la ciudad de Rosario. Que además es más o menos coincidente con que la sede de la comandancia se muda de Córdoba y Moreno, que no tiene que ver con la democracia, sino que tiene que ver con que el espacio ya no resulta funcional, entonces cambian de locación, se mudan, y la desocupación de la casa, esto es que ese espacio durante bastante tiempo quedó vacío, sirvió para otras cosas, para otros usos, nos parecía que también era una cosa interesante para pensar ese proceso en una duración de tiempo.

‑‑ Hubo además la posibilidad de acceder a los archivos del ejército.

‑‑ Eso fue otra circunstancia muy propicia. Creo que también en el ámbito de la investigación, de la construcción de conocimiento, incide mucho que haya condiciones favorables para el desarrollo y para el avance en lo que sabemos, en lo que conocemos, en lo que investigamos. Efectivamente en estos últimos años ha habido un desarrollo bastante importante de la investigación de las fuerzas armadas y de seguridad, hay toda una línea de estudios bastante desarrollada sobre la represión estatal y la violencia paraestatal en la Argentina reciente, muchos estudios sobre las fuerzas armadas que han renovado las perspectivas en torno a cómo se miraba el ejército, y el otro tema o la otra cuestión que empalma también con esta renovación de las agendas de la investigación académica, tiene que ver con los recorridos judiciales, con el avance en las causas por los delitos de lesa humanidad, que impulsaron en los años 2000 y en la década de 2010 la creación de equipos de investigación en espacios ministeriales, como el Ministerio de Defensa nacional, la desclasificación de documentos, el aporte de documentación a las causas judiciales que tuvo como un correlato, como una especie de eco favorable para la investigación, se abrieron archivos o por lo menos se facilitó el acceso a una serie de material documental que estaba allí pero no disponible en forma amplia. Gran parte de la investigación se hizo sobre la base de documentación localizada en archivos castrenses, documentación que no es que no estaba, sino que no había sido indagada de forma sistemática como nosotros hicimos para el caso del libro, de la investigación vinculada con el libro. Eso es una feliz coincidencia por decirlo de un modo. No hay posibilidad de decir cosas novedosas si seguimos consultando una y otra vez la misma documentación, el hecho de que se abra documentación nueva, que uno pueda complejizar el abanico de fuentes con las que trabajo, digo, pensando en la investigación histórica, esto eso ha sido muy positivo. Lo que es interesante y lo digo entre paréntesis es que gran parte de ese material documental que nosotros detectamos, relevamos, analizamos y utilizamos para la investigación está reproducido en distintos formatos y forma parte del acervo documental del Museo de la Memoria, está allí para quien lo quiera consultar.

‑‑ ¿Se plantea también un diálogo entre la justicia y la historia en este tipo de trabajos?

‑‑ La respuesta es compleja y voy a tomar distintos modos de responderla. Hay una vía de diálogo y es que nosotros trabajamos en gran parte con material documental que está dentro de expedientes judiciales, por ejemplo, la causa Feced. Entonces, el expediente judicial, o las causas judiciales o la documentación contenida en las causas judiciales ha sido un insumo de la investigación, ahí hay un diálogo, una vía. Nosotros no armamos esta investigación pensando en un potencial aporte judicial, porque el objetivo de los historiadores no es colectar pruebas para probar delitos, eso es un trabajo jurídico. Lo que tiendo a pensar siempre es que hay objetivos distintos y hay preocupaciones distintas cuando pensamos en la construcción de conocimiento histórico y la investigación judicial orientada a investigar o penalizar delitos de lesa humanidad, en este punto. A veces hay diálogo y a veces no hay diálogo, o a veces siguen caminos paralelos. Son como trabajos que se hacen en planos distintos con el objetivo de conocer en forma más profunda el pasado reciente, o situaciones o procesos históricos, que siguen teniendo tanta centralidad en el presente, que tienden a complejizar la memoria que hay sobre ese pasado. Entonces, la memoria, la investigación judicial y la investigación histórica que se hace en la universidad y los centros de investigación, pueden tener el mismo objeto, el mismo núcleo de preocupaciones pero distinto tipo de objetivos, yo apuesto a que se pueda poner en juego o en diálogo, pero no está necesariamente articulado. Yo soy bastante enfática con la idea de que la investigación académica tiene que tener sus propias agendas, no tiene por qué subordinarse a otras. Nuestra idea no es escribir una historia con objetivo denuncialista o con el objetivo de sumar a una investigación judicial, porque la investigación judicial se hace por otras vías, si sirve sería muy bueno, pero el objetivo ha sido otro, ha sido iluminar una parte de la historia social y política reciente que nos parecía que tenía que ser investigada, y además respondiendo a un pedido o una demanda de un lugar muy importante, como es el museo de la memoria de Rosario.

Imagen: Andrés Macera

Fuente: Rosario/12
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